Desde chico tuve un solo propósito: cambiar el mundo. Suena ingenuo, lo sé. Pero ese impulso me llevó a meterme en el sistema público, entender cómo funciona desde adentro y descubrir algo que pocos quieren ver: el Estado gestiona con herramientas del siglo XIX los problemas del siglo XXI. Se cambió el medio, pero no el método. Se digitalizó el papel, pero la lógica sigue siendo la misma.
Entré al sistema desde joven: me metí en política, trabajé en el Congreso de la Nación, en Secretarías y Ministerios, y asesoré municipios. Implementé GDE --el sistema de Gestión Documental Electrónica del Estado Argentino-- y entendí sus límites. De chico viví casi un año en Nueva Zelanda y otro en Barcelona. Conocí otras formas de organizar ciudades, de pensar el Estado, de conectar tecnología con vida real.
Asumí como Director Nacional del Registro de Bienes Inmuebles del Estado. El problema: el Estado no sabía dónde estaban sus propios bienes. Así nació SIENA, un sistema que integró 20 organismos en un mismo lugar con una lógica de registro donde cualquier dato se vincula con cualquier otro.
Al finalizar mi gestión tuve la sensación de haber pintado la pared de una casa que necesitaba nuevos cimientos. Me fui tres años a vivir en un velero. A eso lo llamo la Universidad del Mar: estudiar IA, Blockchain y buscar cómo resolver los problemas que tenemos por vivir en comunidad con herramientas nuevas, sin importar cómo los "solucionamos" hoy. Volví con una idea clara: el puente entre el Estado que habla en papel y el mundo que habla en código se construye con un cambio de mentalidad. Así nació Ciudadanos del Futuro, y después GDI y Cero1.
Hoy trabajo como consultor en Inteligencia Artificial aplicada al Estado, escribí "Cómo Hackear el Sistema" --un libro que no es un manual técnico, sino una invitación a repensar cómo operamos-- y construyo GDI Latam junto a un ecosistema de emprendedores que creen en lo mismo: que la gestión del presente necesita herramientas del presente. No del futuro. Del presente.